martes, 14 de febrero de 2017

SATURNO DEVORANDO A SU HIJO. RUBENS


En medio de los montes del Pardo, y respondiendo a la tradición cinegética que caracterizó a los Austrias, Felipe II había mandado construir un modesto edificio que pasaría a la historia como Torre de la Parada, y no por su arquitectura sino por la excepcional colección de pinturas que se hicieron expresamente para ella en tiempos de Felipe IV.
En ellas existían temas cinegéticos, los retratos de los reyes como cazadores de Velázquez, Esopo, Menipo y Marte pensativo (también de Velázquez), obras de Carducho para el oratorio y otras tantas obras flamencas, muchas de ellas realizadas por Rubens o su taller.
Muchas de estas piezas se inspiraban directamente en las Metamorfosis de Ovidio, como esta en concreto, en la que nos relata la reacción de Saturno ante la sentencia del oráculo que había afirmado que uno de sus hijos lo derrocaría. Por ello, propuso comerse a todos los varones, a excepción de Zeus, escondido por su madre Cibeles y que hará realidad la profecía.
En un plano simbólico, el tema siempre se ha entendido como el tiempo (Saturno) que devora a sus hijos, una vanitas disfrazada que habla de la insignificancia humana al que los días derrotan (en ese sentido, ya hablamos de otro de los cuadros de esta torre de la Parada, el Marte pensativo de Velázquez). (EL TEMA LO HEMOS TRATADO MÁS AMPLIAMENTE AQUÍ)
Y es que, siguiendo la línea abierta por Tiziano, Rubens fue el gran creador de escenas mitológicas, perfecto soporte para la expresión de conceptos políticos y morales.

El cuadro es un soberbio fragmento de pintura con su pincelada suelta y su momento culminante magistralmente logrado.
Evidentemente, Goya conocía la obra y se inspirará en ella, ya en su vejez, en la versión de sus pinturas negras


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