viernes, 10 de febrero de 2017

SANTA MARIA DELLA SALUTE. LONGHENA


 Al igual que la iglesia del Redentor de Palladio o la de San Rocco, esta magnífica iglesia fue un exvoto ofrecido por el patriarca de Venecia como agradecimiento a la finalización de la peste de 1630.

Para ello se eligió un arquitecto entonces poco relevante que trabajará toda la vida en esta arquitectura, que terminará por ser su obra maestra (curiosamente, los trabajos debieron resultar verdaderamente difíciles, especialmente la cimentación de la zona con pilotes, que debió ser reforzada en varias ocasiones debido a la magnitud de la estructura y su posición entre la laguna, el Gran Canal y el canal de la Guidecca, una zona muy poco consolidada y con fuertes aqcua alta).

 La arquitectura, pese a su monumentalidad, aún se realiza bajo presupuesto renacentistas
La propia planta se compone de elementos típicos de este estilo: dos formas centralizadas escasamente articuladas que no componen realmente un ámbito unitario (aunque en el interior esta unificación es algo mayor)
De la misma manera, su exterior tiene una fuertes influencias palladianas en la organización tanto de la portada como de las distintas capillas radiales que se adosan al cuerpo central como elementos superpuestos (compárese, para el interior, sus diferencias con San Carlino de las Cuatro Fuentes o, para su exterior, con las obras de Bernini en donde el espacio fluye sin detenerse entre los distintos elementos, usando la curva como elemento de unión)

 Su interior, como ya decíamos, tiene dos grandes espacios.
Por una parte encontramos una gran rotonda rodeada de deambulatorio que recuerda a las construcciones bajo imperiales y paleocristianas (posiblemente pudiera inspirarse en San Vital de Rávena).

En ella el peso recae en grandes machones triangulares que son recubiertos (a la manera palladiana) con un doble orden, menor para las pilastras, gigante para las columnas adosadas que crean arcos triunfales que comunican con el deambulatorio.

 En esta estructura se utiliza la bicromía de los elementos aunque sin el carácter estructural que le diera Brunelleschi, sino de una forma puramente decorativa.

Sobre este cuerpo central se alza un tambor de grandes ventanales y una cúpula que, siguiendo los modelos bizantinos de San Marcos, apenas apunta en el interior mientras que al exterior se sobreelevan gracias a un doble casco superpuesto a la verdadera cúpula.

El segundo espacio es el gran presbiterio cubierto por una cúpula menor que se flanqueada (de nuevo de forma bizantina, como vimos en San Aquilino de Milán) por dos exedras.
La unión de ambos espacios se efectúa por medio de una maravillosa bóveda de arista adaptada a la forma exagonal con una luz amplísima que (como ya comentábamos) unifica al interior ambos ambientes.

Al exterior encontramos todo un entramado de capillas creadas como minifachadas en donde la huella de Palladio (arco termal, utilización de los órdenes, esculturas sobre el tímpano) es bien palpable.




Sobre ellas, y como elemento de transición a la cúpula, encontramos volutas gigantescas, inútiles en lo estructural pero de gran potencia expresiva derivada de la obra miguelangelesca, que es una de las partes más felices (y barrocas) de la construcción.


Sin embargo, su mayor rasgo barroco es su inserción urbanística en la ciudad.

Vista desde San Giorgio

El lugar elegido (entre el Gran Canal y el canal de la Guidecca, muy cercano a la laguna) y sus dos enormes cúpulas se convierten en toda una referencia visual patente en gran parte de la ciudad.
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Vista desde el Puente de la Academia

Su poderoso perfil puede verse desde el Puente de la Academia, desde San Marcos, desde la Guidecca o desde San Giorgio, creando un elemento indispensable del paisaje urbano de la ciudad que una y otra vez retomarán los veduttistas

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