jueves, 28 de noviembre de 2013

BRUNELLESCHI. ANÁLISIS DE LA CAPILLA PAZZI


Realizada para esta familia de banqueros (eterna rival de los Medicci) y situada en el claustro de Santa Croce, es una de las obras de madurez de Brunelleschi, que evoluciona sobre pocos modelos, intentando perfeccionarlos en un intento de crear una armonía total.
En este caso concreto, la capilla Pazzi es una nueva reflexión sobre el espacio centralizado de carácter privado que ya había planteado en la sacristía vieja de San Lorenzo (precisamente realizada para los Medicci)

Para su diseño Brunelleschi recurre al cuadrado que sirve para el cuerpo central, el altar y, repitiéndolo de forma consecutiva, para el pórtico. De la misma manera el cuadrado vuelve a ser utilizado para los alzados, uniéndose al semicírculos de los arcos de medio punto. Finalmente, la cubierta deriva hacia el círculo de las diversas cúpulas de media naranja.
Como puede verse, la idea (tan neoplatónica) de las figuras perfectas (el cuadrado se asimilaría al hombre mientras el círculo a lo divino, como Leonardo volvió a plantear en su homo ad circulum ad cuadratum).

Esta perfección encuentra su más escondida esencia en la idea de armonía (la conjunción de las partes con el todo) que es controlada por un módulo constante que se amplía o empequeñece en función de operaciones simples. Habitualmente suele tomarse como módulo el intercolumnio.




Pero por si esto no fuera evidente Brunelleschi recurre a la bicromía de los elementos para darnos una lectura sintética del edificio, sus proporciones y funcionamiento. 


 En pietra serena se crean los elementos activos como columnas, pilastras, arcos, pechinas, nervios…, mientras que el blanco se utiliza sobre los pasivos (paredes, gajos de la cúpula…).

A todo esto se añade una luz sin colores, pura, que ilumina suavemente para resaltar el espacio creado a través de tan sutiles métodos. Un espacio diáfano y silencioso, puramente perfecto y adecuado por completo al hombre que lo contempla y, a través de su razón, se siente plenamente integrado.

Antes de esta experiencia, el pórtico ofrece una zona de transición. 
Su construcción, y aún respetando los elementos generales, va un paso más allá al romper la monotonía típica de los pórticos tradicionales (compárese con los Inocentes) para resaltar la zona central con su arco, uniendo así interior y exterior a través de un eje longitudinal al que se opone el eje transversal del pórtico o los espacios centralizados internos. 

Una unificación que buscaba el equilibrio entre el estatismo de los diversos espacios tomados por separado y la idea de arquitectura como paseo tan habitual en sus grandes basílicas.

Toda la obra apenas recurre a la decoración, y son los propios elementos arquitectónicos los que animan paredes y techos, y solamente las terracotas de Lucca della Robbia rompen con su cromatismo el espacio claro.


Resulta especialmente interesante comparar esta obra con las Capillas Mediceas o la propia Escalera de Miguel Ángel para observar el cambio que hará de todos los presupuestos clásicos el manierismo.



Casi un siglo después, Bramante retomará soluciones de la Capilla Pazzi para numerosas de sus obras del periodo lombardo (cabecera de Santa María delle Grazie, claustro de San Ambrosio, Santa María presso San Sátiro)


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