martes, 21 de febrero de 2017

POUSSIN. IN ARCADIA EGO


Como ya analizamos aquí, Poussin pasa por el ser uno de los grandes pintores barrocos franceses que, residente habitual en Roma, intenta un nuevo clasicismo frente a la abundancia rubensiana o el tenebrismo caravaggista.
Sus influencias hay que rastraerlas en el clasicismo boloñés que pretende una renovación del mundo renacentista sin perder su armonía.
En ese sentido hay que entender los paisajes pastorales que buscan recrear (como ya lo hicieran los venecianos, como explicamos en Giorgione) el mundo antiguo a través de un paisaje ordenado, levemente melancólico, en donde hombres y naturaleza puedan volver a convivir.
Su propia composición, un  gran triángulo central con fondo de árboles y montañas azules, nos pueden recordar a la forma de hacer de muchas de las Madonnas de Rafael.
Sin embargo, ya no nos encontramos en el Renacimiento, sino en pleno Barroco, y el tema de la muerte y el paso del tiempo irrumpe con fuerza.
Los personajes han encontrado en Arcadia (el lugar mítico de poetas y pintores) una tumba. La presencia de la Muerte en el paisaje idílico, un memento mori, una vanitas, que nos recuerda la fugacidad de la vida, incluso de los propios ideales.
Pese a toda la armonía, de nuevo el desencanto barroco en donde ya no es posible el mundo ideal
Sin necesidad de recurrir a la tragedia nos habla de ésta y, con detalle de infinita exquisitez, proyecta la sobre del descubridor sobre la tumba, como si nos hablara del futuro de su poseedor

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