jueves, 31 de enero de 2013

EL GRAN PALACIO BARROCO DE SAN TELMO. SEVILLA



Escuela de mareantes cuando el puerto de Sevilla ya estaba encenagándose, edificio del XVII del que lo más relevante es su gran portada del XVIII, corte alternativa decimonónica con los Montpensier, Seminario y, en la actualidad, sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía.


 El Palacio de San Telmo, a las orillas del Guadalquivir, es un portentoso edificio de larguísima historia que cierra el gran ciclo barroco de la capital hispalense con una portada verdaderamente excepcional 


 Su estructura (un cuadrado de largos lados con torres esquineras) sigue una larga tradición que ya podemos ver en el Escorial (Herrera) o el Palacio del Buen Retiro o la Cárcel de Corte (Gómez de Mora). 
De la misma manera, su contrapunto de severos muros de ladrillos con módulo repetido frente a la fachada, pétrea y sobredecorada, es un rasgo que se potencia aún más en el siglo XVIII (sólo bastaría recordar las obras de Rivera en Madrid, como el Cuartel del Conde Duque o el Hospicio). 
El color albero de algunos detalles es el enlace clásico con la arquitectura de la ciudad



 Su gran fachada que centra uno de los lados largos fue diseñada por Leonardo Figueroa, aunque luego modificada (en sus motivos y horror vacui) por su hijo y nieto, ayudados por el gran imaginero (también nieto de Pedro Roldán), Duque Cornejo, que la convirtieron en un canto del cisne del barroco (y en ocasiones ya cercana al rococó).
En ella podemos observar una clara influencia de las fachadas de las iglesias barrocas, con un sutil movimiento de lo más pesado a lo más ligero según ascendemos en ella.
de la misma manera es constante el recurso a rehundir las superficies (cajeados de las pilastras, decoración carnosa...) para crear efectos de claroscuro, sumamente potentes en una ciudad con una luz tan potente como Sevilla.


En la parte baja nos encontramos una puerta con orejones (aunque un tanto disimulados por la decoración de boceles mixtilíneos. En su centro, como ménsula de la balconada, el Océano sustenta una plataforma en donde se coloca una serie de atlantes con ciertos aires indios (recordad, Escuela de Mareantes)


A ambos lados, seis columnas que progresan hacia el espectador (al modo de los retablos churrigurescos que rompen el plano y crean una invitación-protección sobre la puerta). Curiosamente, su decoración, aunque muy carnosa, remite a modelos de grutescos renacentistas como los que existen en el cercano ayuntamiento.



En el segundo piso, y flanqueando el balcón (el gran símbolo del poder desde la instauración de los Borbones en España, siendo casi inexistente en los Austrias, valedores de la idea de Rey Oculto),  doce figuras femeninas: las alegorías de las Ciencias y las Artes (un pequeño guiño preilustrado)

En el tercer piso, y enmarcado por un vano abierto, la figura de San Telmo (patrón de los marineros) al que protegen dos símbolos de la monarquía y Sevilla (ambos reyes tuvieron corte en ella): San Fernando y Felipe V



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