viernes, 20 de abril de 2012

ANÁLISIS Y COMENTARIO DE LA FACHADA DEL OBRADOIRO



Estructura. Se trata de un modelo de fachada normanda o en H, con dos torres en los extremos y un cuerpo central dividido en tres pisos y tres calles, siendo las laterales la mitad que la central. En general podemos observar una tendencia a la verticalidad.
El material es la piedra de granito (típica en la zona) tallado en sillares.
Los elementos constructivos visibles son pilastras acanaladas (especialmente en las torres) y columnas exentas corintias de orden gigante en el cuerpo central. Sobre ellos se voltean arcos de medio punto, siendo separados los cuerpos por medio de entablamentos (en la parte central – abajo - duplicados, pues las columnas disponen de dado brunellesquiano). Mientras en las torres predomina el muro, en la zona central posee más importancia el vano.
La decoración es abundante, pudiéndose hablar de horror vacui. Además de la puramente constructiva (columnas, pilastras, entablamentos, frontones rotos en la zona central o balaustradas en las torres) es fundamentalmente geométrica (placas recortadas en formas de volutas) y vegetal (en relieve sobre el propio muro), a la que se añade otra de carácter figurativo (esculturas exentas y tondos en relieve). Aunque sea difícilmente apreciable en la fotografía, en la calle central aparece el apóstol Santiago representado con los símbolos del peregrino, al que está dedicada la catedral.
La importancia de la luz  es considerable, al encontrarnos con una fachada muy articulada por los elementos constructivos (pilastras acanaladas, aletones y pequeñas cúpulas en las torres, columnas exentas que avanzan hacia el espectador en la zona central) y por la decoración escultórica.
La fachada sirve como pantalla de la obra románica (de ahí su forma normanda), dejándonos ver sus tres naves a través de las tres puertas de la zona central, siendo la más grande de ellas la dedicada a la central.
Su relación con el entorno se realiza a través de una escalera de doble rampa que salva el desnivel que ocupa la cripta románica. Aunque no sea visible en la fotografía, la fachada se abre ante una gran plaza rectangular que sirve como núcleo de la ciudad.
Comentario.
Como fue típico en el siglo XVIII español nos encontramos con una actuación fundamentalmente decorativa más que puramente arquitectónica, remozando la fachada románica planificada por el Maestro Mateo a fin de adaptarla al gusto barroco (protegiendo, por otra parte, su famoso Pórtico de la Gloria que se encuentra tras el gran vano de la entrada). De esta manera, las formas arquitectónicas son recubiertas, sin variar básicamente su estructura, con una profusa decoración. (En el mismo sentido se encuentran el transparente de la Catedral de Toledo o la fachada de la Catedral de Valencia, ejemplos de remozamiento barroco que, por la falta de presupuesto, redecora ciertos monumentos antiguos).
Respecto a la obra en concreto que analizamos, dichas actuaciones se habían iniciado en el siglo anterior con Peña de Toro o Domingo de Andrade, que en la Torre del Reloj, entre otras, aplica una forma de hacer que será continuada en esta fachada del Obradoiro (pilastras acanaladas, placas recortadas, decoración vegetal, pequeñas cúpulas...). Con ellas se iniciaba un profundo corte con la tradición anterior todavía muy dependiente del estilo herreriano (Gómez de Mora o el Padre Bautista, de los que aún quedan piramidiones rematando los distintos cuerpos de la torre) para buscar una mayor decoración y un muro mucho más articulado que será constante (y cada vez más exagerado) durante el siglo XVIII (Marqués de Dos Aguas o las obras de Churriguera en Salamanca o de Ribera enMadrid, como la fachada del Hospicio) hasta llegar al rococó de algunas obras andaluzas (Sagrario de la Cartuja de Granada).
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Lo que no habrá cambiado será el predominio de la línea recta en lo puramente estructural, pues la arquitectura hispana será muy parca en obras de muros ondulantes al modo de Borromini (Fachada de la Catedral de Valencia de Rudolf o Iglesia de San Miguel de Ventura Rodríguez en Madrid).


Respecto a su significación artística, la fachada (además de por la decoración o articulación ya citada) pertenece al mundo barroco por otros aspectos, en especial por su manera grandiosa y espectacular de presentar el hecho religioso (la peregrinación en concreto) que aquí se une a la autoridad real (durante el siglo XVII se define a Santiago como patrón de la nación. En la propia fachada, sobre su gran arco, se encuentra esculpido un escudo real).
Para conseguir este efecto grandilocuente la fachada se coloca en una gran plaza que sirve como verdadero escenario teatral en donde celebrar numerosos acontecimientos religiosos en honor a Santiago y sirve de perfecto telón de fondo al peregrino que se acercará a ella e incluso la verá desde varios kilómetros de distancia (Monte do Gozo), envolviendo el final de su experiencia religiosa (peregrinación) en un ambiente verdaderamente espectacular muy lejano del antropocentrismo del Renacimiento, sobre todo cuando ascienda por la escalinata y la fachada casi se desplome ópticamente sobre él como un verdadero símbolo del poder de la iglesia. (De la misma manera estaría funcionando la plaza del Vaticano de Roma)

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