jueves, 9 de marzo de 2017

TIÉPOLO O LA HERENCIA DE VERONÉS

Veronese es la pintura. Es el fondo remoto, vigoroso y dorado del que rebosan las imágenes, sin la carga de significado. Es el puro desplegarse de las figuras por las superficies, como en los tapices desarrollados. También para Tiépolo éste era el único sobreentendido admisible en su arte

Calasso. El rosa Tiépolo

La herencia que recoge Tiépolo es doble

Sin embargo, muchas veces se olvida que Tiépolo es descendiente directo de Veronés.
Primero por patria y ejemplo (Venecia era todo un museo del Veronés).

Luego por temperamento, coincidiendo ambos en una escasa fe (al menos en su pintura) que se compensa con un gusto por el boato y la exuberancia.

Como ya hablábamos aquí, la pintura de Veronés (a excepción de su última etapa) es una maniera propia que gusta por explicitar las texturas de los fastuosos vestidos, de los escenarios palladianos llevados a la ostentación, del gesto ampuloso pero amable, de la falta de verdadero espíritu en sus figuras, tan visuales como vacías.

Curiosamente todas estas características coinciden con el gusto rococó y su fascinación por lo externo, exuberante, material, por lo que no nos hemos de extrañar de su profunda conexión.

Ambos se encontraban más a gusto con lo profano (o al menos con lo religioso descargado de cualquier tipo de drama) que muchas veces ocupaba un lugar secundario frente al interés por los efectos perspectívicos, cuanto más complejos mejor (un rasgo típicamente manierista y que se potenciará en el rococó y su gusto por lo alambicado)

¿Qué supone la teatralización del mundo que tiene lugar en Tiépolo? El proceso se había iniciado con Veronese como algo completamente natural. Sus telas hacían suponer que el mundo existía ante todo para ser pintado



FOTOGALERÍA ENLAZADA DE TIÉPOLO


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