domingo, 3 de abril de 2016

GOYA Y FERNANDO VII


Las relaciones de Goya y Fernando VII nunca fueron buenas, y se irán complicando cada vez más cuando, a su vuelta de la guerra de independencia (1814), ya como monarca absoluto, someta al pintor primero al ostracismo y más tarde a todo tipo de ataques por medio de terceros que sería una de las causas de la depresión que dio origen a las Pinturas Negras.
Probablemente sus caracteres eran por completo contrarios, y Fernando debió tomar como una afrenta personal el apoyo (puntual, como ya vimos aquí) del pintor a José Bonaparte. Era, además, bien conocido el pensamiento afrancesado de Goya y su postura crítica ante las formas absolutistas.

Sin embargo, Goya fue, hasta su exilio en Burdeos, pintor de cámara, y en numerosas ocasiones tuvo que pintar el retrato del rey por encargo de administraciones públicas.
Curiosamente, sólo debió posar individualmente fue en 1808, siendo el resto de los cuadros versiones sobre la misma.
Posiblemente el único retrato con posado real del monarca

En todos estos retratos hay la clara sensación de la antipatía personal, pues como ya vimos en sus retratos, su sinceridad ante el modelo fue, a menudo, demasiado evidente.
Hay en su figura (que ya no era agraciada en la realidad) una sensación de pelele muy acusada y, como una venganza personal, el cuadro está muchísimo más cuidado en sus detalles que el puro rostro del soberano.

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