jueves, 7 de abril de 2016

EL GOYA DE JOSÉ BONAPARTE


Estamos acostumbrados a recordar a Goya como un ardiente valedor de los españoles en la Guerra de la Independencia gracias a sus famosos cuadros de la Carga de los mamelucos o Los Fusilamientos (aunque ya demostramos aquí mientras hablábamos de los Desastres de la Guerra que esta actitud no es tan patriótica como parece, sino más bien una crítica profundamente ilustrada a la guerra).
Sin embargo, y mientras tomaba apuntes para estos Desastres, Goya tuvo que seguir viviendo en Madrid en plena Guerra de Independencia, bajo el mandato del nuevo monarca, José I Bonaparte.
Igual que antes lo había hecho para Carlos IV y luego lo hará para Fernando VII, tendrá que trabajar para el nuevo monarca en su cargo de pintor de Cámara.

En este contexto hay que entender esta obra, una alegoría en donde España (mujer coronada) señala un medallón sujeto por ángeles, algunos de ellos con grandes trompetas en actitud de triunfo (en un estilo tardobarroco)
Precisamente ese medallón es el punto culminante de todo el significado, y como tal fue numerosas veces repintado.
En un primer momento aparecía en él José Bonaparte, dando un claro sentido triunfalista a su figura, gracias a la cual España volvía a renacer sobre el mundo ilustrado que significaba.

Con el triunfo de la batalla de Arapiles y la salida del rey de Madrid, se repintó en el óvalo la efigie de Fernando VII, para volver a aparecer José I cuando regresa a la capital (la actual inscripción, mucho menos ideologizada, o abierta a varias interpretaciones) será muy posterior.


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