martes, 26 de abril de 2016

COMENZANDO A CONOCER AL EQUIPO CRÓNICA


Nuestro arte pop, más vinculado con los modelos ingleses (como Hamilton al que ya vimos aquí) que con los puramente americanos, tuvo su momento esplendor con el Equipo Crónica, formado por Solbes y Manolo Valdés que desde mediados de los 60 y hasta los años 80 (muerte de Solbes) desarrolló una de las pinturas más interesantes de la España de la segunda parte del XX.

Su estilo se basa en la reducción a formas bidimensionales de fuerte silueteado emparentadas con el cómic, poco detallistas y con un claroscuro somero, puramente gráfico, que se acompaña de colores intensos, saturados y, en algunas ocasiones, emparentados con el mundo fallero.

Sin embargo, no será su técnica lo más particular, sino sus motivos y la manera que tienen de trabajar los códigos, mensajes, imágenes y referentes que se podría encontrar en la línea de la nueva semiótica inaugurada por Umberto Eco en Apocalípticos e integrados.

Sus fuentes son múltiples, desde el cine negro, las imágenes de la infancia (sus famosos lápices Alpino), el arte clásico y moderno (de Velázquez a Goya, Picasso...), el cómic americano e hispano (el guerrero del antifaz)...

Su genialidad consiste en su sutil combinatoria, uniendo imágenes en apariencia sin conexión que nos generan nuevos significados.
Sin embargo, estos juegos no son, en absoluto, inocentes.

Muchas de sus obras permiten al observador avisado comprender realidades de la época (recordemos, en gran parte dominada por la censura franquista) y ver una crítica feroz al poder político, las convenciones sociales, la violencia o el machismo que dominaba la época en muchas ocasiones utilizando imágenes que las élites de entonces relacionaban con el absoluto español y su esencia (desde sus retratos del Conde Duque o el Caballero de la mano en el pecho, serie del Guernica...).

Hay, por tanto, una lúdica pero ácida relación con el espectador que puede entender, bajo la escena de cine negro con lápices alpino y un fragmento del Caso, toda una cruda reflexión sobre la violencia intrínseca del régimen franquista.

O la de una infanta velazqueña con dos tiros en la frente con el buey desollado de Rembrandt y toda su crudeza al fondo. ¿Simple pintura?

¿O el Jacob de Ribera que se ha convertido en un mendigo real con fondo (siempre tan marxista en los restos que deja el tiempo sobre las cosas) de Tapies?

En otras obras la reflexión es más estética, y el juego referencial nos habla de pintura sobre pinturas, tal como realizará Linchtenstein en EE UU.

En todos los casos, su obra es un ejemplo muy temprano del arte posmoderno (en su intervención sobre la imagen y sus significados polisémicos, apropiándose de ella para recontextualizarla) pero también político que dominará la escena de los años 80




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