martes, 9 de febrero de 2016

JUAN DE JUANES. EL CLASICISMO DULCE ESPAÑOL

Salvador Eucarístico

La pintura valenciana  había tenido su reconversión clásica con Fernando Yáñez de la Almeida y Fernando LLanos, que a principios del siglo XVI introducen el clasicismo del Cinquecento, ya sea por sus contactos con Leonardo (Angulo) o el círculo de Giorgione (Caturla).

Sobre esta base, una familia de artistas, los Masip, mantienen este fuerte contacto con lo italiano (posiblemente sin viajar a Italia, basándose en cuadros importados y grabados) Son Vicente Masip y Juan de Juanes (su hijo).

Su pintura evoluciona desde Leonardo (como se puede ver en su insistencia y composiciones de sus Últimas Cenas) a las formas rafaelescas, pero también (Arias de Cossío) la de Sebastiano del Piombo y otros pintores boloñeses presentes en la colección de San Juan de Ribera, cuya reforma contrarreformista del arte es visible en el cambio eucarístico que sufren sus Últimas Cenas (aquí lo explicamos con mayor extensión)

Ecce Homo de Juan de Juanes
 (Comparadlo con el de Morales para ver la pluralidad que tuvo el Renacimiento español, incluso en sus formas más evolucionadas)

Especialmente en Juan de Juanes su profunda italianización le hace derivar hacia las formas blandas y los contornos imprecisos, con temas que terminar siendo un éxito popular y que se continuarán en el tiempo, como la Sagrada Cena, Sagradas familias o el Salvador eucarístico.
Su cromatismo brillante, la dulzura de las expresiones o sus rigurosas composiones (tan típicos de la corriente más emocional del Renacimiento que empezara en Angélico y culminara en Rafael) se irá poco a poco disipando en favor de un arte suavemente manierista en donde los colores ácidos aparecen (aunque sin estridencia alguna) y una composiciones más descentradas y complejas.



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Asunción

Pese a los tópicos creados sobre su pintura, Juan de Juanes también tuvo una vertiente contrarreformista (tan intensa en Valencia gracias al patriarca San Juan de Ribera), que le aproximarán a la estética barroca que pronto se irá haciendo hueco, especialmente en la figura de Ribalta que ya vimos aquí.
Sólo hace falta observar esta magnífica vanitas, un tema tan barroco, y su tratamiento pictórico sin concesiones a la belleza, tan sobrio, con una luz mucho más expresiva a la que habitualmente encontramos en sus cuadros más habituales


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