martes, 17 de marzo de 2015

EL SAGRARIO DEL PAULAR.


Barroco final o puro rococó, como queráis denominarlo.
Fruto del taller dirigido por Francisco Hurtado Izquierdo, se encuentra íntimamente ligada a otra obra también cartuja, en Granada.

En realidad este curioso espacio tras el altar dedicado a la exposición permanente del Santísimo es una característica de esta orden, aunque no parece tan adecuada la hiperdecoración a su carácter austero.
Sagrario con transparente en la parte superior

La estructura es compleja, dividida en dos ámbitos, uno centralizado con pequeñas capillas radiales entre machones mixtilíneos, y otro dedicado al sagrario, una gran maquinaria barroca que incluye un transparente que la comunica con la iglesia y permite la entrada de luz (una idea que inicia Bernini en su Trono de San Pedro en el Vaticano, como ya vimos aquí)
Columnas salomónicas con abundante follaje, al modo de Churriguera

Toda la arquitectura recurre a la curva, una sinuosidad que se ve reforzada por la decoración sobredorada y en donde encontramos un elemento tan típico de esta época, la rocalla, pero también las columnas salomónicas (también heredadas , esta vez del Baldaquino de Bernini), la flora extremadamente carnosa, cortinajes fingidos (como ya hemos visto aparecer en Rivera) e incluso los arcos polilobulados que lo emparentan con una cierta fantasía islámica (una interpretación rococó de los que abren la macsura de la Mezquita de Córdoba)
Los remates bulbosos de la parte superior, al modo de Rivera



En nichos excavados en los pilares mixtilíneos, se encuentran varias esculturas realizadas por Duque Cornejo (el sobrino de la Roldana)


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