jueves, 19 de febrero de 2015

ALONSO DE BERRUGUETE. DOS OBRAS DEL RETABLO DE SAN BENITO.


Realizadas a partir de 1526 y en la actualidad expuestas desmontadas, estas dos esculturas pueden servirnos para comprender el estilo maduro de este escultor que tan a menudo se ha comparado con el Greco, como luego veremos.

Como es sabido, hijo de un reputado pintor (Pedro Berruguete), realiza un viaje a Italia a principios del siglo XVI, conociendo el arte en evolución hacia el manierismo de Miguel Ángel tras el descubrimiento del Laocoonte y el desengaño personal.

A su regreso intenta (igual que luego hará el Greco con Felipe II) integrarse dentro del amplio mecenazgo que estaba llevando a cabo Carlos V. Aunque se le admitió en estos círculos (acaso más por el renombre de su padre), nunca consiguió triunfar en este ámbito mucho más decantado a una manierismo frío, mucho majestuoso, como el que representan los Leoni.
San Sebastián

Desengañado, terminará por establecerse en Valladolid y empezar a trabajar para órdenes religiosas con las que muy pronto conectó, iniciando su carrera de escultor de renombre con su famoso Ecce Homo que vimos aquí.


Lo hizo por su capacidad de (según palabras de Checa) reelaborar la piedad tardogótica, sentimental y excesiva, por medio de las formas manieristas. (Algo que también ocurrirá en la biografía del Greco, afincado en Toledo y con múltiples trabajos religiosos para parroquias y conventos)

Si observáis sus esculturas muy pronto descubriréis en ellas algunos rasgos inconfundibles de Miguel Ángel manierista como la típica forma serpentinata, el canon sumamente adelgazado (tan propio también del Greco), las anatomías descoyuntadas en las que rompe el canon, los contrapostos forzados o la multiplicidad de puntos de vista que tienen sus escenas.

La Victoria. Miguel Ángel

Con todo ello rompe con la belleza clásica y se acerca a las formas tardogóticas (tan habituales en la escultura) y su forma de conectar con el espectador, apelando a los sentimientos, habitualmente excesivos y dramáticos que le conmuevan a la piedad por medio del dolor (físico y a la vez emocional).
Son así esculturas de tragedia, impactantes, doloridas, tremebundas en las que lo corporal tiene una importancia máxima mientras las miradas se acercan (como ocurre en el Greco) a cierto misticismo tan caro a la mentalidad hispana del siglo XVI.

De la misma forma que ocurre al Greco su arte tendrá escaso eco tras acabar el siglo, al no conectar con los ideales contrarreformistas que informan el barroco, consideras incluso (Arias de Cossío) mal ejecutadas en sus detalles con rostros tallados con violencia, casi como un non finito miguelangelesco o las manos del Greco.



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