miércoles, 28 de enero de 2015

ANÁLISIS Y COMENTARIO DE LAS PINTURAS DE SAN CLEMENTE DE TAHULL


Tema y personajes.
Estamos ante una pintura de tipología religiosa que retrata la figura del Pantocrátor que juzga los pecados de los hombres. A su alrededor se encuentran cuatro ángeles que simbolizan los evangelistas (tetramorfos) dispuestos de la siguiente manera: en la zona superior a la derecha del Pantocrátor, se encuentra un ángel que porta un águila, por lo que simboliza a San Juan; bajo él, estaría representado San Lucas (toro). A la izquierda en la parte superior aparece un ángel (que se simboliza de esta manera a el mismo) que representa a San Mateo. Y por último, bajo él, la figura de San Marcos acompañada de un león.
Bajo estas figuras, en una franja separada en dos partes se encuentran agrupaciones de tres personajes en cada lado. A la derecha del Pantocrátor (nuestra izquierda) estaría Santo Tomás, San Bartolomé y la Virgen y a su izquierda San Juan, San Felipe y Santiago de los que apenas ya no quedan nada por el deterioro de la pintura. 
Enmarcando la zona central donde se encuentra el Pantocrátor, encontramos dos querubines de seis alas (en cuatro de dichas alas, hay representaciones de ojos).
Suponemos que en el área que queda por encima del Pantocrátor, había más elementos decorativos, de los cuales, ahora no queda prácticamente nada excepto una mano (Dextera Dei) y sobre ésta, el Cordero Apocalíptico.



Soporte.
Es una pintura realizada al fresco sobre el muro que forma el ábside de la Iglesia de San Clemente de Tahüll. Existen retoques al temple para los detalles más pequeños.



Composición.
La composición de esta obra es claramente simétrica y estática. Las figuras están dispuestas en bandas horizontales determinadas por los colores del fondo bien diferenciados además de una banda que separa dos zonas, la del Pantocrátor superior de la inferior con los Santos y la Virgen. Esta banda queda decorada con una serie de textos. Destacan sobre todo las líneas curvas que se adaptan a la zona curva del ábside de cuarto de esfera donde están estas pinturas.

Línea y color.
Predomina la línea sobre el color. Los trazos de las líneas son finos y curvos dejando ver un dibujo muy geométrico y esquemático. En cuanto al color, no destacan más los fríos de los calientes ni viceversa si no que se alternan y se complementan. El color está muy saturado pero deja una forma poco volumétrica de las figuras.






Luz.
La obra carece de luz naturalista, por lo que apenas genera claroscuro

Espacio.
El espacio no interesa, el fondo es plano y las figuras son bidimensionales. Se aprecia tanto una perspectiva jerárquica bien reflejada en el tamaño de las figuras (siendo el Pantocrátor lo más importante por lo que adquiere un mayor tamaño al resto de figuras), como los pies danzantes e incluso perspectiva abatida (como se ve en el libro). Podemos observar en la banda baja de la pintura arquitecturas fingida (columnas entre los apóstoles)

Figuras.
Las figuras de esta pintura son todas de un carácter antinaturalista como puede verse en los rostros alargados o el tratamiento que se hace de su anatomía. Mantienen una posición estática e hierática. Destaca especialmente la figura del Pantocrátor que aparece sentado sobre una franja decorada con motivos florales, y rodeado por la almendra mística (que representaría a Jesucristo como unión de lo terreno y lo celeste)
Viste una túnica de colores fríos con unos pliegues muy geométricos. Además porta el característico nimbo crucífero propio de este tipo de representaciones y el libro en el que debían estar escritos los pecados de los hombres que les serviría para juzgar a estos. En el libro se ve escrito “Ego sum lux mundi” Yo soy la luz del mundo, frase característica del Pantocrátor.

En sus manos se aprecia el gesto de bendición. A ambos lados de su cabeza encontramos las letras alfa y omega (representación del principio y el fin) 

Cabe destacar también la aparición en esta obra de la Virgen Apocalíptica y del colegio apostólico. En todas estas figuras se aprecia una clara isocefalia.



COMENTARIO
Debido a la serie de características formales que presenta esta pintura (dibujo grueso, color puro, abandono de la perspectiva visual, carencia de luz naturalista que genera figuras planas, composiciones yuxtapuestas, la isocefalia, el hieratismo, la frontalidad, la ausencia de paisaje y el carácter simbólico), además de tratarse de la representación de un Pantocrátor, nos hace deducir que estamos ante una muestra de pintura Románica.



Debido al periodo histórico en el que nos encontramos, en pleno auge del feudalismo, el control ideológico de las masas resultaba muy importante. Por esto las manifestaciones artísticas de esta época se basaban en transmitir el miedo de un Dios que juzga a los hombres y de la idea constante de un infierno lleno de seres monstruosos que aterrorizaban a la población. Esto les reprimía y les recordaba constantemente la importancia de no pecar para librarse de estas penurias lo que beneficiaba a los nobles y autoridades ya que así mantenían controlada a la población. La imagen del Pantocrátor reforzaba el mensaje negativo de la iglesia.
Por todo ello, sus promotores serán Iglesia y poder feudal

Sus principales influencias hay que buscarlas en el arte bizantino, en particular en los mosaicos (temática, iconografía, hieratismo etc) y en las miniaturas mozárabes de los Beatos (dibujo estilizado, ropas con pliegues paralelos, rasgos desorbitados etc). A través de su unión la pintura Románica, adquiere la capacidad para la representación de las pasiones humanas con un alto contenido de emocionalidad.




Posteriormente, la pintura Románica influirá en la del siglo XX (como podemos ver en la Señoritas de Avignon de Picasso).

Esta obra junto a otras como Santa María de Tahüll, San Isidoro de León o Maderuelo supone una de las cimas de la pintura románica tanto en Cataluña como en toda España.

































Patricia López Alcántara. 2º Bachillerato. IES Los Olivos en Mejorada del Campo


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