martes, 7 de octubre de 2014

EL PADRE TANGUY. UN VAN GOGH EN TRANSICIÓN HACIA LA GENIALIDAD


En 1887,  viendo aún en París, Van Gogh ya había realizado el inicio de su gran viraje hacia el estilo propio, abandonando progresivamente los resabios impresionistas de sus obras anteriores (como las que vimos aquí).
Lo podremos ver perfectamente en este cuadro, el retrato del llamado Pere Tanguy, propietario de una pequeña tienda de pinturas a la que acudían los nuevos pintores, muchos de ellos pagando los pigmentos (siempre de una calidad mediocre, que ha perdido mucha intensidad con el tiempo) con obra propia.

Iconográficamente, Van Gogh lo sitúa frontalmente, como una gran buda (como un gran sabio japonés) que rezuma ternura pese a tensión pictórica del cuadro.
Alrededor suyo existe todo un homenaje a la estampa japonesa que aparece representada en varios temas.

Estas japonerías se habían establecido como una moda exótica desde mediados de siglo XIX, y ya las podemos encontrar en cuadros de Manet (retrato de Zola), siendo inspiración para los paisajes impresionistas y verdadera piedra de toque para la nueva generación postimpresionista.

Como ya vimos en este artículo, de ellas los nuevos autores (Cezanne, Toulouse, Gauguin, Bonard o el propio Mucha) están reaprendiendo a representar el mundo de una forma muy distinta a lo tradicional, prescindiendo de las sombras y el claroscuro en favor de los colores planos, dándole un nuevo poder a la línea de contorno (el cloisoné de Gauguin), forzando las perspectivas tanto hacia puntos laterales o situándolas en bandas apiladas en vertical, eliminando la tiranía del color real (mirad el árbol de copa rosa)...

En concreto a Van Gogh le enseñaron a mirar y plasmar la naturaleza de una nueva manera, utilizándola como una forma de transmisión de los estados de ánimo (lo que será una constante en toda su obra, como podéis ver en estos cipreses o los famosos girasoles).

Junto a ello, la pintura nos muestra una nueva forma de trabajar que se convertirá en verdadera firma del pintor.
Por una parte las pinceladas, en forma de coma, muy cargadas de pintura, que le dará al lienzo relieve y tensión, una verdadera forma de transmitir las sensaciones de una forma casi táctil.

Además, las visibles pinceladas, crean movimientos en el cuadro, orientándose en movimientos de arriba a abajo (como en la chaqueta) o de derecha a izquierda en el pantalón. Consigue así una fuerte movilidad sin recurrir al movimiento de las figuras, algo que seguirá evolucionando hasta las famosas espirales (Noche Estrellada, Autorretrato)

Por otra, el uso del color ha evolucionado desde el impresionismo. Continúa (como ellos) utilizando los colores sin mezcla en la paleta, sino en el propio lienzo, haciendo que la retina del espectador los una.
Pero va un paso más allá, y en vez de utilizar las tonalidades naturales utiliza colores sumamente intensos (muy saturados), combinando de una forma arriesgada los colores complementarios (verde-rojo; amarillo-violeta y azul) que generan tensión (pues el ojo no los puede percibir a la vez) y carga de energía la imagen, en principio plácida (Esta idea también se desarrollará, no hace falta ver más que su Café nocturno con los choques verdes-rojos).




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