martes, 28 de octubre de 2014

EL OPUS CAEMENTICIUM ROMANO


Siempre se habla del pragmatismo y de la importancia de los espacios interiores en la arquitectura romana.
Estas características (unidas a la monumentalidad) no habrían sido posibles sin una de las técnicas que revolucionaría la arquitectura antigua: el llamado opus caementicium.

Sillares en opus cuadratum (derecha) y opus caementicium (izquierda)

Se trataba de una especie de cemento hecho de cal, agua y piedras desmenuzadas que, al secarse, tenía una consistencia parecida a nuestro hormigón.
Para realizarlo, la mezcla se hacía a pie de obra y se colocaba moldes realizados en madera (aún podemos ver restos de las formas de sus listones) llamado encofrado .
Encofrado

Este material, sin el peso de la piedra, tenía una resistencia mayor que ésta, y permitía grandes y pesados alzados sobre paredes más reducidas.

Opus caementicium reforzado con arcos de descarga de ladrillo. Panteón de Agripa

También se utilizaba a menudo en las grandes cúpulas (Termas, Panteón de Agripa), utilizando una piedra volcánica (tufo) más porosa y ligera, que permitía quitar peso al conjunto.

Panteón de Agripa

Además, el opus caementicium permitía crear todo tipo de formas, según fuera la forma de su encofrado.

Casetones y estructura realizados en opus caementicium y recubiertos posteriormente por ladrillo.
Basílica de Majencio

Si a esto le añadimos lo barato que resultaba (incluso frente al ladrillo) y la rápidez de su ejecución (especialmente comparado con la piedra que había que tallar), no nos puede sorprender el éxito que tendrá este material.

Bóveda de paños en el Villa Adriana

Se utilizará a partir del siglo II tanto en las grandes construcciones imperiales como en la arquitectura doméstica (Ostia).

Casa de Herculano construida en opus caementicium que posteriormente se cubriría con pinturas o con opus reticulatum (formas romboidales)

Su único problema será estético.
Aunque hoy lo veamos desnudo (y no nos sorprenda, pues la arquitectura moderna, y especialmente Le Corbusier, lo ha utilizado sin enmascarar), la cultura romana intentaba ocultarlo a la vista a través de piedras hincadas en forma de rombos (opus reticulatum), mármoles o, en el interior, pintura y estucos.


















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