jueves, 12 de junio de 2014

ZURBARÁN. LA INMACULADA NIÑA DEL MUSEO DIOCESANO DE SIGÜENZA


Originalmente de Jadraque, es una verdadera obra maestra, aunque un tanto deteriorada, con sus colores bastante desleidos.
Su iconografía responde a los modelos marcados por Pacheco que utilizaron otros artistas de la época (como el propio Velázquez), aunque como ya veíamos en la Asunción del Greco, podríamos rastrear sus orígenes mucho antes, en las letanías de la Virgen francesas con todos sus símbolos.



Típico de lo sevillano es la aparición de la Giralda, el río Guadalquivir y la carabela que nos remite a la ciudad hispalense y su contacto como puerto principal de las Indias (aunque también se puede interpretar como el Socorro de los navegantes (también en la letanías como la palmera, el pozo, la serpiente, la scala dei, la fuente, la torre de marfil...)

En cuanto al modelo, es también muy cercano a Pacheco, el utilizar una mujer casi niña, de rasgos más infantiles que femeninos, potenciados aún más por su actitud con la cabeza baja.
La palidez de azules y dorados contrasta fuertemente con el blanco inmaculado de la saya en donde Zurbarán no tiene rival en todo el siglo, con su generación de sombras sobre el blanco luminoso, creando formas casi escultóricas (en parte influenciadas por la imaginería de la época) como ya vimos en sus series de monjes cartujos


Este modelo se mantendrá (en iconografía, modelos y cromatismo) hasta que Ribera lo revolucione con su Inmaculada de Monterrey que ya vimos aquí, que incluirá lo veneciano en la paleta mientras abre la figura (según la Asunta del propio Tiziano) y eleva la edad del modelo.

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