martes, 20 de agosto de 2013

RIBERA (2) EL PUENTE DE TOLEDO


Tras dos puentes que se llevaron las riadas del aparentemente apacible Manzanares (uno de Gómez de Mora, otro de los hermanos Olmo, ambos del siglo XVII), le fue encargado un nuevo puente en su calidad de arquitecto municipal en en 1719.


Su estructura es sumamente maciza y de buena sillería, con grandes pilares circulares con tajamares que evitaban una nueva desgracia y que hoy, con el río canalizado y cada vez más seco, nos resultan un tanto grandilocuente.


Su parte más conocida son las dos famosas hornacinas o templetes enfrentados dedicados a los dos patrones de la ciudad: San Isidro y Santa María de la Cabeza.


Las esculturas fueron realizadas por dos de los mejores escultores del XVII: Villabrille y Ron, y Salvador Carmona (1723)



La estructura pétrea que los envuelve es todo un delirio tardo-barroco, ya casi en un  punto rococó, con rocallas, estípites, aletones enrollados en espiral, escudos, cortinajes...


La obra se ha incluido en el macroyecto de Madrid-Río
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