miércoles, 20 de febrero de 2013

LAS EXCELENCIAS DE FRANCISCO RIBALTA (Segunda parte)



Ya vimos enun post anterior primer periodo del pintor. Pasemos revista a su segunda etapa, aquella que le ha hecho famoso.
Ésta se inicia en la década de 1610 en la que habitualmente se ha supuesto (dada la falta de documentación) un posible viaje a Italia.

En la actualidad este viaje parece menos posible y los posibles cambios se suelen atribuir (Sánchez Cotán) a un viaje a Madrid en donde se relacionaría con Nardi y al estudio de las obras (de nuevo en el Patriarca de San Juan de Ribera) de copias de Caravaggio y originales del Piombo.

Lo cierto es que su obra avanza claramente en torno al tenebrismo y la simplificación de las composiciones a las que se unirá su ya conocida intensidad del lenguaje gestual y su imponente tactilidad de los objetos
Todo ello se enmarca perfectamente en la idea de persuasión del mensaje religioso que late en el arte Contrarreformista (heredero de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio) del que Juan de Ribera, el Patriarca, era el gran garante en Valencia

Con todos estos mimbres Ribalta producirá sus grandes obras maduras que se van desgranando en este artículo.

En ellas ya se encuentran los principales rasgos que caracterizarán el primer tercio de nuestro Siglo Oro, con un interés por lo real verdaderamente apabullante, habitualmente conseguido por un uso radical de la luz, que le llevará a experimentos como los de Sor Margarida, y el interés por las texturas que volveremos a encontrar en Ribera (¿discípulo?, al menos pintor aprendiz en el momento de mayor esplendor de Ribalta) y también en lo mejor de la obra de Zurbarán

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