miércoles, 16 de enero de 2013

LAS EXCELENCIAS DE FRANCISCO RIBALTA (Primera parte)



La escuela barroca valenciana fue verdaderamente básica en el primer tercio del siglo XVII y sólo Madrid y Sevilla conseguirán superarla a partir de los años 40.
De ella surgirán figuras como Ribera, Jerónimo Jacinto de Espinosa o el propio Ribalta, al que queremos dedicar este post.
Nacido en Solsona en 1565 se trasladará a Barcelona y, una vez muertos sus padres, viaja a Madrid en donde realiza su verdadero aprendizaje, vinculado a Pantoja de la Cruz, los Carducho y, especialmente, Navarrete el Mudo.
De ellos aprende el realismo típico de sus primeras obras.
Posiblemente atraído por las posibilidades que ofrecía el mecenazgo del patriarca San Juan de Ribera, en Valencia (posiblemente recomendado por Lope de Vega).
Allí realiza su primera obra conocida, el retablo de Algemesí, en donde son evidentes los influjos de Navarrete y Carducho a los que une un sentido de lo real sumamente poderoso que se irá desarrollando en toda su obra.

Más avanzado en el realismo de sus rostros, que se alejan por completo a la tradición idealista de Juan de Juanes, e intentando un novedoso ejemplo de composición circular en torno a una mesa vista desde un punto de vista muy elevado, es la Cena que preside el Colegio del Patriarca




















En esta obra hay una reafirmación típicamente contrarreformista de la Eucaristía (aquí ya lo explicamos con mayor amplitud), pues no en vano el Colegio y la iglesia que había fundado San Juan de Ribera estaba bajo la advocación del Corpus  Christi


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