miércoles, 19 de septiembre de 2012

ROMÁNICO Vs GÓTICO. DE LA MAIESTAS DOMINI AL CRUCIFICADO

Si hace unos días hablábamos del paso del Pantócrator al cristo Varón de Dolores como una forma de expresar el poder y las relaciones hombre-divinidad, veamos ahora un nuevo cambio que nos servirá para comprender más este último aspecto.

En el Románico el crucificado se le denominará Maiestas Domini (la majestad del Señor), pues realmente en la escena no existe el dolor. En realidad no puede sufrir, pues es sólo divino y la cruz se convierte en un nuevo trono (como el Pantocrator) desde el que se nos muestra, lejana e inaccesible, la divinidad.
Son cristos de cuatro clavos (con los pies paralelos), hieráticos y a menudo coronados ante los cuales el espectador se siente indefenso y en un plano muy inferior, como es lógico en esta religión feudal que intenta de todas las maneras establecer diferencias.
En ellos no hay muerte, pues Dios no puede morir.

En el Gótico esto cambiará. Cristo se apoyará en sólo tres clavos (pies cruzados), lo cual aumentará su expresividad corporal.
Se reducirá su paño de pureza y aumentarán más los signos de dolor (expresividad, aparición de sangre, lanzada del costado...)
Se producirá así una nueva relación con el espectador que podrá empatizar con su dolor, paso primero para la salvación.
Será el mundo de las emociones, como ya decíamos el que rija estas esculturas. El del sufrimiento casi humano que el hombre de la calle puede entender y a menudo sufre y que servirá para purificar el alma y alcanzar el reino de los cielos.

Con el tiempo la expresividad crecerá hasta los famosos y espeluznantes cristos renanos


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