domingo, 10 de junio de 2012

Análisis y comentario RETABLO DE LOS APÓSTOLES. SEO DE URGELL



De tema, evidentemente religioso, la tabla presenta en el eje de simetría al Pantocrátor, Cristo juez rodeado con una doble mandorla, mano derecha bendiciendo y portando en la izquierda el libro de la Vida. Típicos de esta iconografía son los pies descalzos que se apoyan sobre el mundo, la barba (frente al Cristo apolíneo típico del paleocristiano) y el nimbo crucífero.
 A ambos lados le flanquean los miembros del Colegio apostólico, también nimbados y con dos apóstoles destacados: San Pedro con las llaves del Cielo (imagen de la iglesia) y San Pablo (símbolo de la sabiduría que también se extiende a los no gentiles) que aparece calvo. Muchos de ellos portan objetos litúrgicos con las manos veladas.

El material utilizado como soporte es la tabla que se enyesaba para luego pintar al fresco sobre ella, utilizando como aglutinante el huevo, y el temple en seco para los detalles No se observa, como es habitual en esta época, ningún tipo de pastillaje.
La composición es rigurosamente geométrica y simétrica. El espacio es dividido en tres rectángulos iguales, reservando el eje de simetría a Cristo. Los apóstoles se organizan en claras formas piramidales  que con la inclinación de la cabeza cierran como un doble paréntesis al Pantócrator. Con todo esto se consigue una imagen de fácil y jerarquizada mirada.
Predomina claramente la línea sobre el color. La línea es gruesa, marcando nítidamente perfiles y rasgos, pero no demasiado detallista, tal y como se puede observar en el tratamiento a través de líneas paralelas de los paños. En cuanto al color es bastante saturado para ser fresco, con un juego que simetrías entre cálidos y fríos que se van alternando para no romper el carácter estático de toda la composición. Es, por otra parte, plano y con una reducida gama cromática.

La luz como elemento pictórico es por completo inexistente, y sólo podemos observar algunos intentos (más mentales que reales) de claroscuro en la repetición de las líneas en los pliegues de los paños.
El espacio también es inexistente, creándonos un fondo plano, alejado por completo de nuestra percepción habitual de la realidad (que aún muestra más su carácter abstracto con la pequeñas decoraciones punteadas y la alternancia de los colores rojos y naranjas puros en los distintos fondos y bordes La falta de perspectiva hace que los pies de los apóstoles se conviertan en danzantes, sin apoyo real, generándose además un escalonamiento de planos en altura típico de la época (recuérdese los relieves más primitivos de Silos,como la Ascensión)


Las figuras, sin claroscuro, son bidimensionales y esquemáticas, con una fuerte frontalidad (en especial el Pantócrator) e isocefalia que les resta individualidad. Su canon se muestra alargado y existen constantes deformaciones de la anatomía (posición de pies, manos…). Los paños son tratados de forma antinaturalista, sin destacar ni señalar las texturas, destacando su forma de campana en los pies, pura concesión a la estética. Como es típico en el estilo la expresión de los sentimientos es nula (hieratismo)

Comentario
Como es evidente, tanto por la iconografía como por las formas estéticas (composición simétrica y geométrica, falta de perspectiva y expresividad, ausencia de luz realista, isocefalia…) la obra a analizar pertenece al periodo románico. Se trata en concreto de una tabla para altar que se utilizaban tanto para cubrir su parte baja (antependium) como para situarlos sobre ella (retablo). Las escuelas más significativas que existieron en este género en España se situaron en Cataluña (Seo de Urgell, Vich, Ripoll), en íntima conexión, aunque un poco más tardía, con la gran pintura mural (Tahull, Boí, Pedret…) y las obras de orfebrería a las que se pretende toscamente imitar (Frontal de Silos)


Como todo el arte románico esta obra refleja el ambiente rural, feudal y teocéntrico que predominó en Europa en la Alta Edad media. En ese mundo cerrado y rígidamente dividido en estamentos (los que rezan, los que luchan o los que produce, tal como ya estableció en Teoría de los Tres Órdenes Adalberón de Laon en el siglo X.) el arte cobra una clara función didáctica que excede lo puramente religioso. Pues, además de exponer las principales enseñanzas de la religión, su función es la de ser un control ideológico sobre campesinos y siervos. Control a través del miedo al castigo reflejado en el Pantócrator, Cristo Juez que nos juzgará en el final de los tiempos, tal y como anuncia el Apocalipsis, una de las principales fuentes iconográficas del momento desde los Comentarios que realizó de él Beato de Liébana.
Precisamente este carácter teofánico y de control influye directamente en las formas estéticas utilizadas en este estilo. Su apuesta decidida por el antinaturalismo no es otra cosa que la búsqueda de un arte sencillo de entender pero trascendente, y alejado por completo de la realidad circundante. Por ello se renuncia tanto al realismo como al idealismo, optando por unas formas que pueden rozar el expresionismo que llene de emociones el mensaje religioso de obediencia (tanto en el Otro Mundo, con el Pantócrator, como en este mundo, La iglesia representada por sus apóstoles y por la nobleza).


 Matanza de los inocentes. Santo Domingo de Soria

Toda esta estética se comienza a elaborar en el mundo paleocristiano para fijarse definitivamente en el arte bizantino que influirá directamente en el Románico. Por otra parte, las miniaturas que adornan los manuscritos del Beato serán otra influencia evidente que hace perder el carácter majestuoso y elitista de lo bizantino para ajustarlo más al gusto popular (la alternancia de colores o los propios rasgos faciales son influencia inmediata de los mismos).
Posteriormente, con la resurrección del comercio durante la Baja Edad Media y la aparición de la burguesía, el teocentrismo fue cambiando de cara, buscándose una religión mucho más humana y racional que desembocará en el gótico, olvidándose durante siglo esta estética hasta que la nueva forma de mirar contemporánea la rescate a principios del siglo XX con las Vanguardias Artísticas (especialmente Picasso o los expresionistas, Brancussi en escultura), valorando su forma de expresión puramente anteclásica pero de una gran autenticidad.

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