martes, 24 de abril de 2012

CABEZA DE MONTSERRAT GRITANDO. JULIO GONZÁLEZ


El escultor nos presenta un personaje anónimo, más como un símbolo que como un verdadero retrato en el que se busca, fundamentalmente, la expresión de una idea: el sufrimiento, el dolor de toda una guerra incivil (como diría Unamuno)
El material utilizado es el bronce, en ciertas zonas pulido.
Se trata de una escultura exenta y fragmentaria, que rehuye presentar todo el cuerpo a favor de la cabeza, para así concentrar el mensaje (Esta práctica se había vuelto habitual en el Renacimiento y Barroco, aunque Rodin es el que más había insistido en ella a finales del XIX)
La composición insiste en las líneas diagonales (perfil, paños del pañuelo) que le den una mayor expresividad, prefiriendo las líneas rectas y cortantes que le den un sentido más universal, sin profundizar en detalles que personalizaran más la imagen.
El modelado juega con planos bien diferenciados, sin dar importancia a las transiciones entre unos y otros. De la misma manera mientras algunas zonas se pulen otras se dejan sin terminar por completo, dejando una serie de huellas del proceso que lo emparentaría con algunas formas ya iniciadas por Miguel Ángel y luego muy trabajadas por Rodin. Por último, los profundos huecos oculares o la boca abierta juegan con el claroscuro para potenciar (una vez más) la expresión.
La figura, expresiva y un tanto esquemática, renuncia al naturalismo total a favor de lo emotivo, del gesto casi universal del Grito (aunque de una forma mucho menor que la pintúra homóloga de Munch)




Nos encontramos con una escultura bastante tradicional dentro de la producción de Julio González, mucho másconocido por su uso del metal y la soldadura autógena (mujeres cáctus o lapropia máscara de Montserrat) y el tratamiento cubista o de líneas en el espacio que desarrolló junto a Picasso en la década de los años 20-30.
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Mujer cáctus

Aún así es evidente su origen cubista en la relación de planos cortantes analizados anteriormente, así como ciertas influencias lejanamente expresionistas que eran típicas de la época (desde Picasso a Miró). Sin embargo todos ellos se encuentran subordinados a una presentación bastante tradicional (inspirada en un Rodin para entonces ya muy superado en su estética) que tiene una clara explicación.
 El destino de la escultura era (ya desde el comienzo) el Pabellón de la República española en la Exposición de París de 1937, verdadero canal mediático en donde las fuerzas republicanas intentaban explicar su visión de la Guerra Civil entonces en curso. 




 Pabellón de la República. Sert


Para ello se había recurrido a lo más granado de la vanguardia española (bastante cercana a posiciones izquierdistas) como Sert (arquitecto del pabellón, en estilo internacional pero evitando cualquier tipo de interferencia constructiva para convertirse en un verdadero contenedor de las obras ), Miró, Alberto (con su escultura de El pueblo español tiene un destino que conduce a una estrella), Calder (que en colaboración con Miró había realizado su famosa fuente de mercurio) o Picasso, que realizó el gran cuadro-manifiesto del Guernica, en el que también renunció, al menos en parte, a la experimentación vanguardista para hacer un afortunado ensayo de la pintura de historia barroca en pleno siglo XX.


Miro. Aidez l' Espagne

En esta línea debemos entender esta obra de Julio González y su intención de contar por medio de las formas más accesibles al público no especializado el horror y la violencia de una guerra que preludiaba en sus rasgos generales la Segunda Guerra Mundial. Por ello la elección de un personaje anónimo, antiheroico en un principio, una campesina que refleja la lucha de la izquierda por la igualdad social, de un pueblo en fin que lucha por su propia supervivencia y grita de dolor ante la barbarie

Julio González. Montserrat


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