domingo, 1 de abril de 2012

ANÁLISIS Y COMENTARIO DEL GRAN PODER. JUAN DE MESA




Paso procesional que representa a Jesús como nazareno, portando la cruz en un momento de cansancio absoluto. Junto a él, el paso porta ángeles que lloran y una rica canasta de decoración vegetal y cartelas con las distintas escenas de la pasión de Cristo.
El material fundamental es la madera que en la figura de Cristo se le añade distintos postizos (potencias de oro), túnica morada y cordón.
La canastilla se encuentra dorada y policromada, añadiéndose para su estación penitencial un monte de claveles rojos y faroles con velas.
Se trata de una figura exenta que, según los momentos, se relaciona con un retablo de hueco abierto, se pone delante suyo para el besamanos (poniéndose a su misma altura del espectador) o se monta en la canastilla para sus procesiones penitenciales

Besamanos

La composición de la figura principal responde a una suave diagonal que arranca desde la cintura para soportar (y potenciar) el uso de la cruz), las piernas, un tanto abiertas y en posición de marcha equilibra levemente la figura que se lanza claramente hacia delante, sobre todo desde la vista lateral en donde la cruz crea una potente diagonal de avance dado su longitud e inclinación. (sin embargo, y al tratarse de una escultura articulada, puede recolocarse sus manos y cintura según las distintas necesidades)



El modelado es bastante profundo, aunque como es habitual en la escultura en madera, depende en gran parte del la policromía que acentúa la mirada o ciertos detalles anatómicos de pies y manos.



La figura parte de un realismo total en manos y pies para llegar a unos grados extremos de expresionismo en la cabeza, trabajada con total detallismo y en la que destaca el trabajo del pelo y barba o la mirada, ya sea amenazante, ya perdida, según desde el lugar que se contemple. 




En la canastilla se prefieren las formas mucho más movidas, barroquizadas en sus paños flotantes y sus gestos desmedidos, mientras que la figura principal destaca por su aparente mesura que, a la forma migulangelesca, guarda en su interior todo una gran capacidad de tensión y comunicación con el espectador.



COMENTARIO
Esta obra es la cumbre del barroco andaluz y la imagen por excelencia del arte procesional de todos los tiempos. La talló Juan de Mesa en su madurez, tras haber creado otros tipos iconográficos como los crucificados (Estudiantes, Montserrat, Amor), cristos muertos, Vírgenes con niño (Como la del hospital de Antezana de Alcalá de Henares), niños, San Juanes como el del Museo de Sevilla o Piedades (como su obra póstuma en Córdoba).



 Cristo del Amor. Sevilla. Juan de Mesa

Educado en su Córdoba natal, entró tardíamente en el taller de Martínez Montañés, del que recogió su pericia técnica pero no así sus modelos idealizados, tendiendo a la máxima expresión que consigue a través de un estudio exhaustivo del cuerpo humano y su agonía, dando una tensión interior a sus personajes que se hace visible a través de miradas, músculos y tendones, llegando a perturbar al espectador con sus potentes figuras, tan humanas en su dolor pero alejadas de él, por su majestuosidad.


 Virgen de Antezana. Alcalá de Henares. Juan de Mesa

Este tipo de arte procesional, típicamente español, retoma la tradición de la madera policromada del siglo anterior (Juan de Juni, Berruguete) para llevarlas a sus extremos más barrocos. 
Basada en la Contrarreforma, su nuevo culto a las imágenes y la teatralización del hecho religioso, estos imagineros crearon todo un arte total en donde se funde el realismo de las encarnaciones con la riqueza de los canastillos sobredorados, la naturalidad que le proporcionan sus numerosos postizos con el movimiento (fingido y real) de los pasos por las calles, que se convierten en un gran escenario de la Pasión, haciendo partícipe al pueblo a través de las emociones. Relacionado con antiquísimas tendencias paganas, la Semana Santa, especialmente en Andalucía, se vuelca en un culto a los sentidos (vista con sus iluminaciones dirigidas por los faroles, olfato de flores, incienso y cera, oído en los sonidos de pasos o marchas, sentidos corporales en la idea del movimiento…). 
Con todo ello se pretende influir en el fiel y potenciar su religiosidad de una forma sensitiva que elimina la razón para convertirse en un teatro, un sueño, una estudiadísima puesta en escena en la que los costaleros hacen mover el paso con su particular paso racheado que hace andar a la figura a trompicones por encima de las cabezas del público


Aunque podamos contrastar la cima de este arte en Juan de Mesa, durante todo el XVII y parte del XVIII existieron figuras muy relevantes, como Pedro Roldán (La Quinta Angustia) su hija la Roldana (La Macarena) o Ruiz Gijón (autor de la canastilla y luego del famoso Cristo de la Expiración, popularmente conocido por el Cachorro) en Sevilla; Pedro de MENA o José de Mora en Granada, Gregorio Fernández en Castilla o, ya en el XVIII Salzillo en Murcia, Salvador Carmona en Madrid o Duque Cornejo en Sevilla.

             UNA FOTOGALERÍA DEL IMAGINERO

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