sábado, 31 de marzo de 2012

Análisis y comentario. EL PROFETA. GARGALLO


Tema. Escultura a mitad de camino entre lo mítico y lo religioso, pues aunque su título, el profeta, nos remita a los contenidos religiosos, la propia actitud del autor frente a la religión (nunca demasiado explícita), así como la grandeza de su expresión y construcción volumétrica recuerda más a un  superhombre casi en el sentido de Niezche. La valoración de lo humano  como fuerza motriz, un verdadero canto al hombre como generador de fuerza.
El material es sumamente novedoso. Se trata de chapa de acero forjada en piezas y unida gracias a soldaduras, lo cual nos muestra la técnica bien aprendida del autor.
La tipología es la de una imagen aislada y desvinculada de cualquier otro programa arquitectónico, puesta sobre una pequeña peana que, siguiendo las ideas de Rodín en los Burgueses de Calais, elimina el gran basamento para producir una relación más directa entre obra y espectador.
Su composición, dentro de un escaso movimiento real, se muestra bastante dinámica. Para ello no utiliza los habituales escorzos y posturas forzadas de la escultura anterior, sino que toda la fuerza interna se produce por medio de la creación de líneas casi abstractas (diagonales de brazo levantado y bastón) y las formas curvilíneas que se entrelazan en torno a la figura, dándole una asombrosa vitalidad.
El modelado es sumamente novedoso. Por una parte, el propio tacto del metal produce zonas en donde la luz resbala, mientras que su composición a través de formas cóncavas y convexas crea profundos claroscuros que reafirman su terminación en negro. Junto a todo ello, el gran valor espacial de la figura es su utilización del hueco, la forma negativa como una realidad que combate con las positivas, hace entrar el espacio dentro de la escultura y la relaciona con el ambiente en el que sea colocada.
En cuanto a la figura se aleja por completo de los concepciones realistas al uso del XIX. En ella se conjugan ciertas influencias cubistas (en la descomposición geométrica de diversas partes, como la zona de la pierna, la cabeza) con otras de raigambre expresionista que deforma brazos, troncos o gesto para dar un fuerte contenido dramático que se subraya con el gesto y los elementos aristados que componen el cuerpo. Con un tamaño bastante mayor del natural se impone así al espectador con una gran fuerza expresiva.
.
Bailarina. Gargallo


Nos encontramos ante la famosa obra de Gargallo, el Profeta, pieza realizada en plena madurez (1932) y que marca un verdadero hito en la escultura contemporánea. Atrás habían quedado su formación y primera obra de resabios modernistas (había llegado a intervenir en la decoración del Palau de Montaner) que gustaba del golpe de látigo y una belleza un tanto decadente para internarse, tanto en el material como en la realización, en la modernidad plena.


Pues tan importante es su uso del hierro frente al bronce o mármol clásico, que tendrá su máxima expresión en la obra de Julio González en colaboración de Picasso, acercándose así al ámbito arquitectónico que lo viene utilizando desde mediados del XIX; como su composición, heredada de los planteamientos cubistas descomposición del espacio en planos que se vuelven a montar tras el análisis planimétrico que Picasso y Braque habían elaborado en las dos primeras décadas del siglo XX, aunque siempre en pintura.
Julio González y Picasso. Mujer en el Jardín

Sin embargo la escultura no había tenido tanta suerte, y sólo algunos experimentos de Picasso (Cabeza de mujer o el Vaso de ajenjo), o la progresiva depuración formal de Brancusi tomaron esta forma de expresión, que sólo realmente tomaría cuerpo en los años 20 con la obra de Julio González que muy rápidamente llegó a la abstracción o al dibujo en el espacio (Mujer-cactus).

Por ello podríamos decir que toda la interceptación de planos y división de las formas de esta obra es puro cubismo, aunque (dado lo tardío de la obra) mezclado con influencias expresionistas (la obra no estaría tan lejos de la Montserrat de Julio González) e incluso surrealistas (bastaría comparar esta obra, sus formas huecas con las famosas metamorfosis de las bañistas Picasianas de finales de los años 20).
.


Picasso. Bañista

Julio González

Sin embargo si hubiera que destacar una novedad entre todas habría que quedarse con el trabajo que hace el escultor sobre el vacío (ya anunciado sutilmente en la famosa catedral de Rodin), y que será una de las grandes características de la escultura del XX. Lo que no está, las formas negativas, se opone a la tradición escultórica que siempre había valorado la masa y el volumen ocupado como máxima aspiración de esta disciplina. En este mismo sentido se orientará la obra madura de Moore (aunque con formas mucho más orgánicas) o, más tardíamente, las cajas metafísicas de Oteiza o la obra de Chillida que da al vacío una forma monumental.
Chillida. Lo profundo es el aire


Con este trabajo de lo negativo la escultura se relaciona de una forma mucho más activa con el espacio y obliga al espectador a moverse y crear unas nuevas relaciones espaciales con la obra, que es compacta a la vez que traslúcida, invitando a entrar en ella como una arquitectura que da forma al aire

No hay comentarios:

Publicar un comentario