lunes, 9 de enero de 2012

LA ARQUITECTURA NEOMUDÉJAR

  Las Escuelas Aguirre, actual Casa Árabe. Rodríguez Ayuso, 1886

En el siglo XIX se desarrolló una amplia escuela arquitectónica denominada historicismo-eclecticismo (aunque algunos autores, como Arancil o Delfín Rodríguez atrasarían su inicio a pleno siglo XVIII, con el Neoclasicismo)
Esta escuela pretende recuperar los estilos del pasado (habitualmente desde una óptica conservadora) en un momento en donde el experimentalismo que nos conducirá al XX es la denostada arquitectura del hierro y el cristal y existe un cierto vacío creativo. (Aunque algunos autores reivindican esta arquitectura como una especie de postmodernidad anticipada, como ya veremos).

Calle Alcacá (Goya) Madrid

Si nos centramos en el neomudéjar (algunos lo denominan neoárabe) se convierte casi en el estilo nacional del momento. Y es que esta ideología, el nacionalismo, interpretada en clave romántica, conservadora y altoburguesa es el origen de estos estilos, que intentan rescatar las posibles señas de identidad de un colectivo pudiente.


Basílica de la Paloma. Madrid


En España ese pasado lo buscamos (como casi todos los países) en la Edad Media. Pero tanto nuestro gótico como nuestro románico son importados (fundamentalmente de Francia) y sólo ese arte islámico fundido con lo cristiano parece (al menos le pareció a Amador de los Ríos, su verdadero valedor) lo suficientemente hispano para que nos representara.


Torre mudéjar de San Román. Toledo

Otra razón importante para este redescubrimiento de lo árabe es el gusto romántico de los viajeros europeos, que buscaban el exotismo (como una suerte de escapismo) en España y, especialmente, en Andalucía. Un lugar cercano pero lo suficientemente distinto para dar rienda suelta al orientalismo que les caracterizaba. (Para saber más sobre este tema y otros aspectos del neomudéjar os aconsejo consultar la página que ya os recomendé hace un tiempo del blog de JV

Apliques cerámicos en el Parque de Maria Luisa. Aníbal González

Hay, además, otro aspecto puramente económico. Como ya ocurrió en la Edad Media, este neomudéjar utiliza especialmente el ladrillo (abundante, barato y de rápida construcción) y la cerámica (muchos más aparente que costosa) lo que le dará el impulso necesario en una economía como la española del XIX, tan sumamente precaria).


Aparecen así numerosos ejemplos de esta tendencia en las nuevas iglesias (como ésta edificada al inicio de la Ciudad Lineal a principios ya del XX)


Las plazas de toros (en el pensamiento de que el toreo provenía del mundo musulmán) también adoptará este estilo. 




Su ejemplo más magnífico será la Monumental de las Ventas, también ya del XX aunque, en el fondo, recordando a la del siglo anterior y que fue destruida para la creación del Ensanche madrileño.



Sólo con que os fijéis un poco veréis todo el repertorio mudéjar (arcos de herradura, alfices, paños de sebka, herradura, aplicaciones cerámicas…)


Destaca en este estilo el trabajo en ladrillo que por métodos muy sencillos (girarlos para colocarlos en saledizo, apilarlos creando salientes que crean resaltes y dibujos…) consigue un muro muy articulado (pero barato) que tiene un juego muy interesante de claroscuro.



Estos efectos decorativos unido a lo económico hará que este estilo tenga un gran éxito perdurando en la arquitectura doméstica de las casas populares que rodeaban la ciudad (aunque lamentablemente muchas de ellas están desapareciendo por pura especulación) que repiten a escala popular los motivos de las grandes arquitecturas.
Os ofrezco algunos ejemplos de mi propio barrio.


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No debemos olvidar que este arte neomudéjar será (junto al neogótico) uno de los arranques del modernismo español, Montaner en la Ciudadela o el propio Gaudí lo utilizará en sus primeras obras como el famoso Capricho o la Casa Vicens.




Castillo de los tres dragones (Actual Museo de Zoología) Barcelona. Doménech i Montaner

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