domingo, 1 de enero de 2012

LA NUEVA GALERÍA DE BERLÍN. Mies Van der Rohe



Se trata de la Nueva Galería de Berlín, y en ella se retoma (tras la experiencia norteamericana con sus rascacielos) la  idea de la arquitectura como forma de hacer visible el espacio, aunque tal vez de forma algo tramposa (una especie de posmodernidad dentro de su propia obra?) pero esencial.



En realidad en esta obra tan pura y esencial, casi todo es mentira.
Lo es, en primer lugar, esa sensación de un techo alzado sobre cristales. El engaño es tan sencillo como eficaz: eliminar los pilares de las esquinas (en donde nuestra experiencia los busca para no encontrarnos) para colocarlos en las zonas centrales, dejando un muro continuo revestido de cristales de espejo (como luego realizarán Herzog y de Meuron en el CaixaFórum) que refuerza esta sensación de elevación 
Mirad estas dos fotos y lo entenderéis mejor.
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También lo es la aparente pesada techumbre de acero que vemos desde el exterior, pero que en realidad se encuentra hecha de cajas de acero vacías y soldadas.


Toda una serie de trucos que servía para un único fin: mostrar el espacio en su máxima pureza (¿O tal vez la soberbia de su propio autor, capaz de encontrar en la máxima simplicidad la mayor espectacularidad y el asombro del visitante?)
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Pues el edificio no es realmente el que vemos. La gran sala apenas es utilizada y las exposiciones se realizan en una planta baja (subterránea) que mantiene una luminosidad más coherente para la exposición de obras.
Pero aún con todo no se le puede negar a la arquitectura una exquisitez poco usual. A mi particularmente me emocionan las esquinas de pura geometría en donde el espacio interior entra en contacto con el exterior. Sólo por ver una de esas esquinas merece la pena viajar a Berlín y buscar este edificio.


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