domingo, 29 de enero de 2012

ENTENDIENDO A GAUDÍ: LA FORMA CATENARIA





Resulta asombroso comparar los espectaculares resultados de Gaudí con su escasísima formación matemática-física del arquitecto (muy por debajo del nuevo ingeniero que está triunfando a finales de siglo XIX, como Eiffel)
Frente a su pobre base teórica Gaudí opone dos de sus grandes virtudes: una imaginación desbordada (tanto en el detalle como en el desarrollo en el espacio) y una actitud de constante observación de su entorno. De la unión de ambas surge su magia: soluciones simples (tanto mecánicas como ornamentales) que se multiplican y transforman para crear entorno radicalmente novedosos en donde la arquitectura se transforma en sensaciones.
Un ejemplo de todo esto es la forma catenaria, una de las claves de su obra.
El elemento es sumamente simple. Se trata de la parábola que genera una cadena al ser sustentada por dos puntos, una imagen habitual en fincas y ciudades que Gaudí elaboró progresivamente.




Su paso a la arquitectura se crea, en un primer momento, girándolo 180 grados, creando así un arco con una propiedades físicas asombrosas en lo que se refiere a carga de pesos y sustentación
El mecanismo es bastante conocido, son las maquetas de hilos con pesos que, reflejadas en un espejo, nos devuelven el alzado



De estas formas surgirán espacios prodigiosos como el del Colegio de las Teresianas o la buhardilla de la Pedrera.




Sobre este motivo Gaudí, un experimentador nato, no dejó de elaborar nuevas propuestas, como la inclinación del eje de la catenaria con el que creará los pasadizos del Park Güell.




Y terminará convirtiéndolo en forma tridimensional girando el motivo sobre sí mismo.



Surgirán así uno de sus motivos más recurrentes, las formas en huso, como las que hoy coronan las torres de la Sagrada Familia



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