jueves, 1 de diciembre de 2011

LA IMAGEN DEL PARAÍSO. LOS MOSAICOS DE LA MEZQUITA OMEYA DE DAMASCO


Pocos restos nos informan con tanta claridad de la idea del jardín que (tan tempranamente) desarrolla la civilización islámica como estos mosaicos de la Mezquita de Damasco
Se trata de una curiosa obra, encargada por los dos primeros califas omeyas a artistas bizantinos (de la misma forma que Al Harem II lo hará, tres siglos después, para el mirab de la Mezquita de Córdoba). Toda su técnica es, por tanto, deudora de las formas y estéticas bizantinas (con sus características teselas doradas, sus perspectivas invertidas, las gamas cromáticas…)
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Lo que es propiamente islámico es su colocación (en el gran patio de la mezquita) y sobre todo su total ausencia de figuras humanas (acaso por el miedo a la idolatría, aunque la cuestión no se encuentra zanjada)
Oleg Grabar los quiso relacionar con los de la Cúpula de la Roca, aunque de maneras más realistas, y planteó la sugestiva hipótesis de que son los árboles los nuevos habitantes de este Edén


Otras teorías sobre su significado son las de creer estos paneles como una representación del mundo (y sus ciudades), por lo que tendrían (como la cúpula de la Roca) un significado claramente político: la expansión de las conquistas musulmanas precisamente en la primera mezquita aljama y la nueva capital del Islam ya Omeya, Damasco.
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Por último, hay autores que plantean la idea de estos mosaicos como la perfecta representación del Paraíso prometido por Mahoma.
Abundando en esta idea os pongo algunos fragmentos del Corán y los hadices que relacionan estas imágenes de naturaleza domesticada y Paraíso prometido.
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Jardines en que, por debajo, corren ríos. Corán 4, 60
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Los creyentes tendrán toda clase de frutos y perdón. Corán 47 ,16-17
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Álzanse a la puerta del paraíso dos árboles grandes: en el mundo no se ve cosa que se parezca al aroma de estos árboles, a su umbroso follaje, a la perfección, belleza y elegancia de sus ramas, a la hermosura de sus flores, al perfume de sus frutos, al lustre de sus hojas, a la dulce armonía de los pájaros que sobre sus ramas gorjean, a la fresca brisa que su sombra se respira (...) Al pie de cada uno de ambos árboles corre una fuente de aguas dulces, frescas, puras, que forman dos ríos verdes, semejantes al cristal por su transparencia, cuyo lecho de límpidos guijarros de perlas y rubíes, cuyas linfas son más traslúcidas que el berilo, más frescas que la nieve, más blanca que la leche (hadiz)
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